Hay quien dice que la casa es donde uno tiene el corazón, y está en lo cierto. Pero quien dice que el hogar -sea cual sea el espacio al que se haya bautizado con ese nombre- brinda un calor inigualable, también habla con la verdad.

La casa de mi corazón siempre estará conmigo -a menos que ahora que pienso convertirme en pirata, sea una especie de Davy Jones mexicano con más cara de tortuga que de pulpo-. Mi espacio personal, antes llamado departamento playero desordenado pero muy mío, ha dejado de existir, pero el ritmo dinámico que ha tomado el despertar en lugares distintos de vez en cuando, no me afecta nada, todo lo contrario: me encanta. ¿Les ha pasado que a veces tienen una borrachera tan pesada que al despertar no saben dónde se encuentran? También es posible que cuando viajas, en los primeros días te cuesta reconocer el cuarto del hotel, hotelucho, motel, posada, hostal o callejón -según sea el caso- donde despiertas. Bueno, el caso es que últimamente he podido gozar de ese privilegio sin tanta necesidad de unas chelas, aunque nunca está de más prevenir. Mi gran casa, México, apenas y me he paseado por la salida sur, pero no he cruzado la valla al patio del vecino. Pronto.

Justo ahora me encuentro en el lugar que casi todos entendemos como casa, el espacio donde está la mayoría de la familia y amigos. Para algunos ese lugar es el mismo donde nacimos y crecimos. Donde conocí a la de lentes de pasta -2 veces- y toqué en bares con aquellos locos desquiciados, donde le lloré en el hombro a la que tiene ojos de canica y descubrí que no me gustan las oficinas, el mismito lugar donde embrujé a quienes llegaron a casa y decidieron quedarse a vivir en Veracruz para ver el amanecer. Donde aprendí a danzar lo suficiente para salir sin miedo de casa, pues conmigo estaba el fuego. Donde mil cosas más… Por poco, pero he vuelto. Y en los días que estaré por acá, quiero hablar con, para y del corazón, para poder percibir el reflejo de mis palabras. Para que aprendamos juntos, y si hace falta, construyamos un hogar de espejos.

La foto de allá arriba de la colección privada -ay no mames, ajá-  ha sido vista sólo por algunas personas. Hoy la comparto a todos, pues aún cuando sé que Venezuela nos ofrece la oportunidad de concluir el trabajo y mostrarlo completo después… Simplemente tengo ganas de que hoy Karlita, con los ojos cerrados y el corazón en la mano, nos recuerde lo necesario.