Archivos para el mes de: abril, 2011

Fui y volví, pero… Ya casi. Es sólo que aún no termino el trabajo en Chiapas. Hay eslabones perdidos que no me permiten unir un tótem y otro, pero brillarán en algún momento e iré tras ellos. Ayer visitamos Montebello, un lugar impresionante que siempre guardaré en mi memoria. Hoy no les traigo una gran historia de acción o romance… Gran parte de mí está concentrado en qué haré la siguiente semana cuando Karen vuelva al puerto. Tal vez ella salga de Palenque y yo quisiera moverme de ahí hacia la selva lacandona, pero eso, sin dinero, luce bastante complicado. Ya veremos qué se puede hacer, a ver cómo se abre el camino. En fin, hoy inician trece días serpentinos, así que pondré alerta la piel para poder sentir hacia dónde ir. A veces la serpiente para como lo hago yo ahora, vamos a tener paciencia pues hoy, se enrosca la serpiente.

Un lengüetazo al aire y sigo,
con los ojos bien abiertos en la hora del acecho,
la tierra llama y yo respondo,
y si no llama no me espanto, ni sumo el pecho,
sólo paro y respiro hondo,
Pues la tierra siempre llama y el aire va conmigo.
 


Ayer fue un día tan ajetreado y cansado que se me hace el momento perfecto para contarles sobre la foto que ven ahí arriba. En fin, primero: el día. Ayer Jueves el venadito de la lluvia y yo fuimos a San Juan Chamula y Zinacantan. En Chamulita logramos entrar a la iglesia y presenciar algo magnífico… Obviamente como las cosas realmente valiosas de esta vida: no hay foto de ello, pues estaba más que prohibido tomar fotos ahí dentro, incluso el entrar con la cámara colgando me hizo ganarme unas 400 miradas amenazadoras. Apenas se entraba a la iglesia -bastante oscura- el olor a copal y hierbas te inundaba por completo, lo cual de inicio, no es un olor común dentro de la iglesia. Cinco metros más adentro, había unas diez señoras de cada lado, rezando frente a su sahumerio. Niñas vestidas de vírgenes con flores rojas-rosas en la cabeza intentaban pasar entre la multitud de gente que se amontonaba para pedir un ramito de hierbas y flores del gran, gran, GRAN montón que había en el centro de la iglesia y todos los que hacían fila para beber un vaso con agua de manzanilla y pétalos de rosa blanca. Casi todos los varones chamulas visten una camisa de lana blanca o negra, excepto los “médicos”, quienes vestían todo de blanco con algunos detalles -calcetas, cinto y borlas- rojos. Estos últimos se encargaban de entregar los vasos con agua y de repartir los ramos. Tardamos casi media hora en recorrer 30 metros dentro de la iglesia, y tuvimos la fortuna de probar esa agua por la que hacían filas interminables. Sólo puedo terminar con que al salir de ese lugar yo me sentía extasiado, alucinado, aturdido. Creo que ahí dentro danzamos sin darnos cuenta de ello.

Zinacantán nos recibió en forma de una niña pequeña: María. No teníamos ni 50 pasos en el pueblo cuando se nos acercó… Morenita, chaparrita, con unos ojazos brillantes y la sonrisa bien sincera. En segundos, nos invitó a su casa a ver el trabajo de su familia, una técnica mercadotécnica, sí, pero en casa fue genial ver a su hermanita Catalina trabajar el telar de cintura y a su madre cocinarnos unas tortillas deliciosas que acompañamos con tomatito y queso. En la iglesia de Zinacantán vimos un par de cosas interesantes: un juego entre los varones en el que intentaban hacer sonar por más tiempo una herradura adherida a un madero que giraban con la muñeca, sí, ya sé, una foto hubiese explicado mejor, pero ¡no hay!… ¡Ni que fuese fotógrafo con la cámara pegada a mí todo el tiempo!

Al regresar a SanCris nos agarró un aguacero-granizada que nos obligó a quedarnos en el mercado un rato, hasta que nos desesperamos, me descalcé y cargaba a la flaca en cada cruce para que “no se mojara”, creemos que era más por diversión que por evitar empaparnos, pues terminamos muertos de risa y empapados. Tras regresar a casa y descansar un rato, salimos a trabajar con el sahumerio a la plaza, bastante pesado. Y al regresar, Josué tuvo que partir… ¡Fuerza, hermano!

Ahora sí: la foto de allá arriba. Ese sobre con esas dos notitas llegó a mí con Karen. Tanto el sobre como las notas están llenas de cariño y buenos deseos. Están escritas por los alumnos de Miss Karen. Dentro del sobre incluyeron la muestra de su apoyo recaudada en una semana. ¿Por qué digo que es un momento perfecto para esa foto? Por que ayer fue un día pesado con una noche y madrugadas peores… Y esas cartas, dice Karen, le hicieron ver la importancia de un viaje como este para las personas ajenas a mí. Ese trabajo a cumplir es lo que me permite seguir adelante… No importa si tengo que soñar de nuevo que sahumo a 400 más.

Perla, David, Blanca, Olivia, Analí, Alexa, Valeria, Paola, Fani y Daniela… ¡Gracias!

¿Por dónde empiezo? La verdad es que lejos de la enredadera y las nueve flores, no sé muy bien en qué día ando, lo cual está poca madre. ¿Qué ha pasado de allá -la entrada pasada- pa’cá? Pues… La venadita de la lluvia y yo compartimos la dancita con algunos compañeros de EDELO: sencillito, amorfo y con buen corazón. Danzamos, tocamos y cantamos. Increíble empezar a ver la diferencia de sangre en el ritmo. Espero pronto Magno me pase  -si lees esto… pásamelas cabrón- las fotos que tomó. He caminado mucho con la flaca -no la huesuda, la venada flaca- por la ciudad. Hoy conocimos una reserva de orquídeas en la que creo tuvimos mal tino pues no encontramos tantas orquídeas como esperábamos encontrar, pero el paseo valió la pena al terminar por mera suerte en el Museo de la medicina tradicional Maya -porfavor, alguien dígale a Verito de mi parte: ¡JA-JA-LERO-LERO!..no es cierto- que estuvo bastante coquetón, principalmente la escena donde no sabíamos si un curandero era real o de cera… 7:39 min después, decidimos que era de cera pero le pasamos lejitos, por si acaso. Un video del trabajo de las parteras con todo el chile, mole, sangre y atole.

Y bueno… Hoy fue el día del encendido de fuego en la calle. La verdad es que el rostro de la gente que tras envolverlos en copal te dicen “Gracias, se siente muy bonito, he descansado” paga por completo el trabajo, a mi me encantó-inquietó estar tan rodeado de enanos como estuve hoy. Se acercaban por todos lados, me rodeaban, preguntaban, miraban, preguntaban, tocaban, preguntaban, picaban, preguntaban y hacían muchas preguntas. Unos changos curiosos cabroncetes de lo más risueños. Después a casa (EDELO) a dejar las cosas, a cenar, y ahora a subir las noticias. La noticia más emocionante del día es “mañana”… ¿Por qué? Por que nos vamos a un par de pueblitos muy coquetos, y prometo traerles fotos.

¡Lo olvidaba! Hoy Karen se convirtió oficialmente en una ciclista. Aún no tiene licencia, pero ya no muere en los primeros 10 metros sobre la bicicleta. Todo un avance.

Vean las fotos en Flickr: http://www.flickr.com/photos/latitudesylatidos/

Ese carnal de ahí, es Caleb, y cuando llegué a San Cristobal de las Casas fue, después de Saúlo, la primera persona con la que tuve diálogo. Es el encargado de EDELO, que para no hacerla larga, es una casa mágica llena de brujos. Un cabrón luchón, guerrero a su manera, obviamente más pirado que algunos de ustedes (sólo algunos) y por supuesto, genial y único como todos los que leen este blog… ¿ah-verdá?

Todo el lugar huele a pintura de muchos colores, tabaco, hierbas e incienso, comida con chela y desvelo, música variada y sobre todo, huele a mundo. A muchos de ellos -mundos- unidos bajo el mismo techo. Les juro que quisiera describirles EDELO, pero aún no puedo. Permítanme vivirlo un rato más, y si la conexión me lo permite, les cuento cómo me fue en el taller de danza que, junto al venado de la lluvia*, empiezo a impartir hoy. Entonces EDELO, ubicado En Donde Era La ONU, se dedica a hacer lo que el gran organismo no puede hacer: su chambaUnir Naciones.

¡EDELO muchas gracias por las puertas de tantos corazones abiertos!

*Quiahuimazatl, Karen, Karencia, K, la flaca, etc… mi vieja.

Dejamos Catemaco al amanecer. Era la primera vez que iba a rodar a la Mandarina en un trayecto largo. Alforjas, casa de campaña, maleta frontal y yo encima, con una maleta en la espalda; pensé que las llantas explotarían. Pero no, las llantas jamás explotaron, jamás falló en todo ese trayecto que imaginábamos de otra forma. Bendita magia del lugar, seguro apoyó. Nadie nos dijo que los primeros 30 km de Catemaco a Acayucan era una pendiente interminable que apenas nos daba 200 metros de esperanza en plano antes de volver a subir. No fue lo que pensamos, sin duda, pero el corazón que lleva pegado la Mandarina jamás dejó de latir. El sol hacía de las suyas poco después del medio día, y paramos. Doña Elvia, una amabilísima señora en Covarrubias nos alimentó muy bien antes de partir, con sendas tortillotas de las cuales me comí 4 y un platote de carne ahumada, el cual casi se acaba Josué. Llegamos hasta Acayucan como pudimos, ¡pero llegamos! Un buen descanso gracias a una buena amiga.

Después de eso, todo pasó muy rápido, el “viajar sin planes” se hizo evidente y tras despedirnos por unos días, Tay y Val se dirigieron a Villahermosa mientras que Josué y yo nos dirigimos hacia Chiapas. Y aquí estamos, tras el motel más barato que encontramos en Tuxtla Gutiérrez, hoy dormiremos en San Cristobal de las Casas, en un lugar maravilloso del cual les contaré mañana. Sé que nos esperan caminos aún más difíciles que este así que, si a alguien le interesa… Cambio bici por escoba, jajaja.

¡Gracias Pily, a ti y a tu familia!

La Roca Partida, vista desde Toro Prieto, Veracruz. Eran las 4:53 am cuando Raúl llamó a la habitación. Lo conocí ayer junto a Tay, Val y Josué en “La Casa de los Tesoros” y tras platicar unos minutos con él, se ofreció -de forma ajena a su trabajo- a llevarnos en un tour express a las afueras de Catemaco para mostrarnos algunos de sus lugares favoritos y ver el amanecer. Pero eso sí, sólo disponía del tiempo previo a las 9 am, y eran unos 90 minutos para llegar hasta ese lugar, así que el acuerdo fue vernos a las 5 de la mañana en el lobby del Hotel “Los Arcos”, donde Antonio Armengual nos hizo el favor de hospedarnos sin costo alguno, gente de gran de corazón.

Entonces, tras un rato de viaje donde platicamos de vidas pasadas, de ritmos, viajes, música y sones de marisqueros y mariguanos, por fin llegamos. Y en la completa oscuridad del momento justo antes del amanecer esperamos a que se pintara el cielo poco a poco, hasta que con los ojos cerrados pudimos ver la primera ave fuera de casa: el colibrí morado.

Así fue el primer amanecer de cuatro corazones unidos. Así empezó este viaje.

 ¡Gracias Antonio por hospedarnos en tu hotel!  http://www.arcoshotel.com.mx

¡Gracias Raúl por tomarte el tiempo de mostrarnos tu tierra!


Partí. El tiempo tal vez fue muy corto. Una parte de mí hubiese querido abrazar a todos los que he conocido en esta vida para despedirme, pero dentro de mí existe la seguridad de que no importaba decir “Hasta luego”, me reservaré el placer de los cientos de abrazos al regresar, para decir “He vuelto, y tengo mil cosas que contarte”. A todos les he entregado una parte mi corazón y he reemplazado esa pieza con una parte del suyo, para llevarlos conmigo en este viaje.

El viaje ha empezado, y la primera parada es: Catemaco. Al que le dicen el lugar de las casas quemadas. Donde los taxis dicen ser brujos. Las garzas parecen las flores de los árboles, la gente parece los changos de las islas, ruidosos y alegres. Donde hasta el barro se dice mágico. Vamos a usar magia con la magia.

Fui puntual en el D.F, así de emocionado estaba. Llegué a las 4 de la tarde -casi- en punto. A Mario, el dueño de la tienda, lo “conocía” vía mail y por un par de llamadas telefónicas…

Todo empezó por no saber qué bicicleta comprar. Tay y Val me confundieron entre dos mails y terminé enviando un correo a Mario Peraza, quien resultó ser distribuidor de Dahon en México. Había visitado la página de las bicicletas japonesas apenas esa mañana y, siendo realistas con los costos, yo me había enamorado de la Speed D7, una chaparrita plegable pensada para la ciudad pero con la capacidad comprobada de biciletas similares -las de Tay y Val- de resolverle la vida a un viajero. Apenas había pasado una media hora tras enviar el mail cuando recibí respuesta; no era muy extensa, pero yo sólo leí “yo te doy la bicicleta”… ¡Y listo! Cuatro días después yo estaba en la capital del país en la entrada de “A la Montaña”.

Yo no sabía qué clase de tienda esperar. Un gran almacén de bicicletas se me hacía la idea más lógica, pero como casi siempre que se usa la lógica, no era así. La tienda es pequeña, lo cual no fue decepcionante sino todo lo contrario. No estamos hablando de una gran empresa que declara cantidades con muchos ceros, estamos hablando del negocio de un hombre como cualquier otro que confío en lo que lo apasionaba para ganarse la vida. Ese era Mario, tan relajado que pareciera no vivir en la capital, tras saludar, me pasó a su  despacho, platicamos sobre las expectativas del viaje, un poco de papeleo, bromeamos sobre el dolor de… cuerpo que iba a sufrir al andar en bicicleta tanto tiempo, etc. Apenas me descuidé un segundo, salió, y desde afuera dijo entre risas “nuevecita de agencia” y al salir, tenía ante mí una bicicleta radiante y naranja, con su maleta frontal y la bolsa para viaje. Otra compañera, que de una manera distinta a mi cámara contará esta historia llena de historias. Mi Dahon Speed D7, la “Mandarina”.

Me hice de algunas cosas en la tienda y Mario se despidió pues tenía que salir. Y ahí me quedé yo en la tiendita, meditando que esta bicicleta no viene sin esfuerzo, no es una rayita menos al tigre; esta bicicleta es muestra de que aún podemos entendernos con pocas palabras por el simple hecho de sentir que la otra persona es verdadera, de confiar plenamente y de compartir sueños. Me quedo con la idea de que Mario me entregó esa bicicleta de corazón por el hecho de haber encontrado lo mismo en alguna de las líneas de “Latitudes y Latidos”. Corazón.

Muchas gracias, Mario.

Te prometo que la Mandarina regresará muy tatuada, loca y delirante, pero llegará para contar la historia de este viaje.

www.alamontana.com

Cuando aterrizaba algunas de las ideas que tenía para este viaje, los retratos de grandes personas eran lo más significativo para mí. Lograr inmortalizar la enseñanza que puede otorga una mirada o el ejemplo del trabajo y el camino. “Con su rostro dirá quién es, con las manos qué hace y sus pies nos dirán dónde está” concluí.

Así que decidí tomar un retrato de 3 imágenes a la primera persona que debía hacerlo… Recuerdo que empecé por los pies, desnudos y empapados a la orilla de la mar, pequeñitos pequeñitos, pues apenas y calza del 22; después vinieron las manos, y creo que con todo mérito la fotografía que nos dicta el quehacer de la persona es la que se encuentra al centro. Mi madre cocina y lleva la casa, siembra en su jardín, pinta y construye cualquier artesanía que se le ocurra, danza, etc. pero de todos esos, el que imprimió su quehacer fue esa piedra en forma de corazón que sella su trabajo de temazcalera, de encerrarse en el vientre de la madre tierra para darlo todo, para alimentar a todo quien entre y sembrar en ellos palabras de esperanza, para pintarlos de miles de colores y hacerles ver la belleza interna, para danzar con ellos en la completa oscuridad. Ese es el trabajo de mi madre, su trabajo real, el que utiliza todo su corazón y su vida entera para llevarlo a cabo. Y la pregunta ¿quién es? la responden sus ojos mirando al cielo, a las estrellas. Esa es Doña Isabel. Citlaltincihuatl, la mujer de las estrellas. Mi madre.

Al terminar de importar las imágenes y verlas por separado, casi de manera instintiva, decidí unirlas de esta forma. “¡Un tótem!” dije yo hacia mis adentros. Y entonces -como siempre- todo terminó por acomodarse en el lugar correcto. El término tótem deriva de la palabra ototeman, lenguaje algonquino del pueblo Ojibwe, Norteamérica. Y para mi sorpresa su significado es algo así como: “de mi parentela, mi hermano, mi sangre”. Entonces hoy, a poco más de una semana para partir le he puesto nombre a una de mis tareas:

voy a recolectar tótems.

Mi nombre es Edgar González Castán. Jarocho de corazón, un mexicano amante de su tierra que ha encontrado pasión en conocer el mundo e intentar preservar recuerdos. En lo poco que he recorrido de este mundo, he aprendido que el sabor de un pueblo lo tiene la gente con los ojos brillosos, que las mejores historias vienen de quien tiene los pies cansados y el mejor consejo viene de los abuelos que guardan un montón de secretos en las líneas de sus manos.

Me uno a una pequeña caravana ciclista, donde cada uno de nosotros, con un impulso y ritmos distintos, tenemos la misma convicción, recorrer América Latina partiendo desde la ciudad de Veracruz en México hasta La Patagonia en Argentina, siguiendo una corazonada y el deseo de cumplir un sueño, de conocer el mundo y de esparcir palabras de esperanza, unión y armonía.

Hasta hace un par de años, una cámara fotográfica no tenía mayor significado para mí que un objeto que captaba imágenes. Fin. Ahora es una extensión de mi cuerpo. Es un instrumento que me permite comunicar cosas que hoy en día corren el riesgo inminente de perderse: apreciar un rostro lleno de experiencias y la calma que transmite con su mirada, o una acción efímera, que si no es captada en el momento, si no es aprendida por las nuevas generaciones podría perderse en el limbo de las tradiciones olvidadas.

Mi proyecto no es sólo completar uno de los grandes sueños de mi vida. He decidido ocupar esta oportunidad para preservar anécdotas, consejos, cantos, cuentos y tradiciones, para recolectar sueños de unión de razas y ofrecer una prueba más de que todos somos uno mismo y de que en tiempos como ahora, una gota más de esperanza jamás sobra. Tiempos donde necesitamos inundarnos de recordatorios para llevar una vida en armonía, que haga que nuestros ojos brillen y que podamos contar nuestras historias, seguir nuestros consejos y cantar nuestros propios cantos. He llamado a este proyecto:

“Latitudes y Latidos”

El viaje donde…

  • Mis pies impulsaran la bicicleta con la que recorreré toda América Latina, partiendo de mi ciudad natal, Veracruz, hasta La Patagonia en Argentina.
  • Mis manos manejaran la cámara fotográfica con la que pienso retratar rostros, manos y pies de aquellas personas que sean un ejemplo de armonía. Personas dignas, con principios y llenos de memorias y consejos. Maestros y guías que iluminen este viaje.
  • Mi corazón experimentará todas las enseñanzas que reciba en el camino y resguardará historias, cuentos y cantos para compartir con mi pueblo.

Todo esto se publicará vía internet en un blog, y espero organizar una exposición y la edición de un libro de crónica fotográfica cuando vuelva a casa. ¿Por qué?

  1. Creo que no podemos rendirnos ante el trabajo de hacer que los pueblos se unan cada vez más.
  2. Creo que cada mirada, huella o línea puede despertar algo en quien lo ve; que las fotografías pueden enseñar lo que yo aprenderé en este viaje.
  3. Si al ver el trabajo final, una compilación de rostros, manos y pies, una sola persona aprende una sola cosa, entonces el granito de arena estará ahí.
  4. El mensaje de nuestros abuelos será esparcido para que nuestros niños nunca dejen de cantar.

El camino junto a las chicas de “I Believe That Dreams Can Come True”

Cierto día, Tay y Val me preguntaron: “Tú puedes hacer este viaje por cuenta, ¿por qué entonces, lo haces con nosotras?” La verdad es que no lo sé. Por que “lo siento” sería la mejor respuesta. Por que siento que este es el momento, y por que sólo hay una cosa más fuerte que una persona libre que se avienta a cumplir sus sueños: una cadena de personas que mientras lo hacen, incitan a otros a cumplir el propio.

Compartir es bueno. Cuando un grupo de personas comparte un sueño, el nexo entre ellas es fortísimo, y cumplir esos sueños se convierte en una misión donde el intercambio de experiencias y consejos irá entretejiendo el camino a seguir. Cada uno de nosotros dotará esta travesía de su individualidad, una experiencia inclusiva donde probaremos que: todos somos iguales.

Acerca de mí:

Soy un mexicano que ama su tierra. Un fotógrafo danzante que emprende este viaje lejos de casa por que cree que lo transformará. Por que puedo ser congruente al impulsar a alguien a que siga su corazón. Y por que los grandes cambios empiezan por uno mismo para después poder esparcirlos a todo nuestro alrededor. Me voy de casa y de mi lugar de danza, creo que es hora de probar que la danza más importante es la de la vida.

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